Antonio Ruiz Soler (1980-1983)

Antonio Ruiz Soler (1980-1983)

En el mundo del flamenco se le conoce simplemente como Antonio El Bailarín y es toda una leyenda. Seis años tenía Antonio Ruiz Soler (Sevilla, 1921 - Madrid, 1996) cuando sorprendió al público en el Teatro Duque, de su ciudad natal, donde fue proclamado por derecho niño prodigio. Por aquel entonces ya hacía pareja con Rosario, que sería por mucho tiempo complemento fundamental. Numerosas actuaciones en distintas ciudades, incluida Madrid, donde se les conocía como los Chavalillos Sevillanos, fueron el precedente a un contrato que, en 1937, les llevó a él y a Rosario durante doce años a actuar compulsivamente por América Latina y también por una Norteamérica que se rindió a los encantos seductores de su baile. Fue en 1946, en México, cuando se estrena Zapateado de Sarasate, quizá una de las más emblemáticas creaciones de su tremendamente amplio repertorio. Tras más de una década frenética sienten necesidad de volver a Europa. Eran otros tiempos y los ecos de su éxito en América tenían poca repercusión en España, así que no fue fácil. Se les seguía vinculando a los Chavalillos Sevillanos, especialmente en Madrid, y les salían pocos contratos. Eso, hasta Su actuación en la Semana Santa sevillana de 1949, que fue éxito rotundo que impulsó su conquista de Europa con actuaciones en París, Suiza, Italia, Dinamarca y Sucia, entre muchos otros, actuaciones todas que fueron antesala a sus giras por Oriente Medio y, en general, el mundo árabe.

Antonio Ruiz Soler
 

Llanto por Manuel de Falla, El albaicín, El amor brujo y, muy especialmente, su propia versión de El sombrero de tres picos, que se desmarca de Massine y es hoy un verdadero hito de su extensa producción, se cuentan entre el repertorio.

 

A inicios de los años cincuenta todo es ebullición en la vida del coreógrafo y bailaor. Rompe con Rosario y comienza a gestar en Sevilla la idea de una compañía propia, que consolida en los estudios de la calle Montera, de Madrid. Al mismo tiempo crea el martinete, un estilo reservado al cante, que con él se convierte en sofisticado baile y le ocurre también que Leonide Massine, que fuera colaborador de Diaghilev en Los Ballets Rusos, le llama para protagonizar El sombrero de tres picos, en La Scala de Milán. Más tarde, en 1953, funda Antonio Ballet Español (conocida años después como Antonio y su Ballet de Madrid), una compañía de 35 intérpretes, con la que además inaugura los Jardines del Generalife, espacio privilegiado del Festival de Música y Danza de Granada. Llanto por Manuel de Falla, El albaicín, El amor brujo y, muy especialmente, su propia versión de El sombrero de tres picos, que se desmarca de Massine y es hoy un verdadero hito de su extensa producción, se cuentan entre el repertorio. En el año 1978 decide retirarse y emprende una gira de despedida con el espectáculo Antonio y su Teatro Flamenco, que culmina con su adiós a los escenarios en la ciudad japonesa de Sapporo. No obstante, quedaba aún un importante capítulo en su vida artística: tomar el relevo de Antonio Gades al frente del Ballet Nacional de España, donde permaneció desde 1980 hasta 1983. Aunque durante este período se reponen sus creaciones más relevantes, sigue la senda iniciada por su predecesor, remontando numerosas creaciones de maestros y pioneros de la danza española.

Una terrible hemiplejía le dejó en una silla de ruedas, probablemente lo más duro que le puede ocurrir a las piernas de un bailarín aunque esté retirado. Murió en 1996 llevándose el honor de ser considerado uno de los más prolíficos, virtuosos y gloriosos bailaores que dio el país en el siglo XX. “El alma de España baila en ti”, le había dicho Arturo Toscanini. El Ballet Nacional de España, en su temporada 2016, prepara un sentido homenaje que incluye parte de su legado, desde la ya lejana Zapateado de Sarasate y Eritaña hasta Taranto (La Taberna del Toro), Fantasía Galaica y, por supuesto, El sombrero de tres picos, una de las más ambiciosas de su legado.

Textos: Omar Khan